jueves, 23 de octubre de 2008

GodMother

Mi madrina es una genia.
Se fue a Croacia en búsqueda de sus raíces.
ESO es algo que pocas personas pueden hacer en la vida porque están muy ocupados trabajando para conseguir plata para el "futuro" y cuando viene el "futuro" y ya tienen plata, son viejos y se compran Poett con olor a viejo para tirar por todo su departamento así la gente no se les acerca por la plata.

Pero no es el caso de Diane, mi madrina, que es una grossa y se fue a Croacia en búsqueda de sus raíces.
El otro día me mandó un mail con una anécdota y me reí tanto que ejerzo mi poder sobre este blog y la voy a poner y ustedes la van a leer porque éso es lo que hace la gente que se mete en los blogs.

UN MUNDO BIZARRO: Cosas que te pueden pasar en Istambul.
By Diane Imfeld


UNA EXPERIENCIA INOLVIDABLE: LOS BAÑOS TURCOS


-¿Quién viene conmigo…? Pregunta Merce camino al hotel, regresando del palacio Kopkapy, la Mezquita Azul y el Gran Bazar.

- Bajamos unas cuantas del micro con la promesa de una extraordinaria experiencia, resultado de sabidurías milenarias puestas al servicio del placer del cuerpo y la elevación del alma…



- Caminata, funicular, no distraerse, teníamos que llegar con tiempo.

- Algunas confundieron el cospel con la moneda, se les trabo la maquinita, se cerraron las puertas, partió el funicular, quedaron algunas rezagadas, el grupo disgregado y Merce en el andén haciendo todo tipo de señas para explicar lo inequívoco: -“Teníamos que esperarla en la próxima y única estación.”

- Llegaron las del cospel, seguimos caminamos rapidito. Dejamos detrás la peatonal, para adentrarnos en una callejuela desierta. Caía la noche, la callejuela cada vez más angosta, más retorcida y más oscura.

- Merce nos señala una puerta y nos aclara que ésa es la entrada de los hombres, que la nuestra es más “sencilla”. Ya allí surgieron ciertas dudas, tímidos intentos de deserción rápidamente controlados por Merce que nos recuerda lo de la misteriosa cultura del oriente que nos esperaba tras las puertas. Nos aseguró que despertaría nuestros sentidos y adormecería el dolor de pies que nos supimos conseguir a lo largo del día.

- Allá vamos… y tras subir unas escalerita, traspasar una puerta de vidrios de colores nos encontramos con “ellas”, distribuidas alrededor de la recepción. Unas turcas en bata de motivos tradicionales y el pelo tirante, recogido hacia atrás.

- En la penumbra, un mostrador donde Merce por señas intentaba negociar todo tipo de descuentos y pagos en monedas de diverso origen.

- Pagamos, y nos adjudicaron un cuartito (especie de peceras) a cada una mientras alcanzaban pero luego comenzaron a superponernos. Había dentro bien doblados unos trapos a cuadritos, como las que usaban nuestras abuelas de mantel.

- Nos indicaron por señas (ya que nosotras ni una papa de turco, y ellas ni una batata de ingles…) lo obvio, que debíamos sacarnos la ropa, lo no tan obvio era que TODO.

- A medida que íbamos saliendo envueltas en esos trapos obedientemente traspasábamos una puerta de madera y allí, la luz aún más tenue dejaba entrever una enorme mesa de mármol rodeada de palanganas de mármol, con unos cacharros de bronce apoyados sobre unas antiguas canillas doradas.

- Una de las turcas con bata cuyo pelo lucia blancas canas en la naciente y el resto azabache puro, me arrancó el trapito de cuadraditos ni bien entré, .y me indicó que tenía que acercarme a una de las palanganas. Caminé, pero al ver que las que me precedieron estaban mudamente sentadas en la enorme mesa, todas desnudas, no pude más que explotar en una especie de carcajada que duro todo lo que tenía que durar. Dice María que se me oía desde afuera, y que probablemente también se me escuchó desde la calle.

- Esa especie de descarga de risa espasmódica me relajo y finalmente decidí sentarme junto a una de las palanganas y copiándome de las otras que por lo visto ya estaban iniciadas, comencé a tirame agua tibia con el cacharrito sobre la cabeza, dejando que ésta se escurriera suavemente por donde la gravedad le ordenaba.

- Al rato, un poco aburrida del cacharrito, me senté en la gran mesa dispuesta a acostarme. Allí, mi vecina que por haber entrado primero logró quedarse con una pequeña toalla, la tironeaba nerviosamente de ambos extremos intentando cubrir simultáneamente sus pechos y sus pudendos sin éxito posible. Atiné a sugerirle que se relajara, que de todos modos ya le arrebatarían la toalla como a las otras, tarde o temprano.

- Me tire desnuda boca arriba sobre el mármol calentito, confiando en la famosa cultura milenaria del oriente, y sentí el calorcito reconfortante todo a lo largo de la espalda me cuando de golpe me asalto una duda, me preguntaba cómo se nos vería a los ojos de Alá desde la eternidad.

- Oigo la puerta, era Maria que acababa de entrar y luchaba desaforadamente con una de las turcas por quedarse con el mantel de la abuela, mientras desorbitada veía como las demás, que antes le parecimos razonablemente normales estábamos todas apelmazadas y desnudas sin previo aviso sobre esa enorme mesa.

- Cerré los ojos y me concentre en el calor.

- Otra vez la puerta,… Entran “ELLAS” las beduinas, en fila como soldados uniformados con sus pelos recogidos pero esta vez sin sus batas, portaban solo unas diminutas bombachitas de nylon de diversos colores, sus tetas colgando y sus panzotas lo suficientemente grandes para cubrir el sector pudendo de las bombachitas. En las manos traían una especie de bolsa de tapo blanca de la que salían burbujas. Temí estar alucinando…

- Veo que cada una de ellas se dirige a su presa (léase una de nosotras) e inclinándose sobre ella sacude la bolsa de la que goteaba el famoso jabón de la cultura milenaria. Paso seguido, frota el cuerpo con la bolsa y luego con las manos por “casi” todos lados, pero un “casi” muy chiquito…

- Desde mi perspectiva, no podía menos que sorprenderme la energía de las turcas y de cómo volaban sus tetas y sus carnes de un lado al otro mientras realizaban concienzudamente la tarea de lavaje con sabiduría milenaria.

- La que se ocupaba de mi sugirió que me corriera para atrás un poco. Obedientemente me senté y me impulsé sin recordar que tanto el mármol, como yo estábamos enjabonados así que salí patinando para atrás. Por suerte la beduina en rápido gesto atinó a agarrarme de las mechas y me salvo de caer al piso.

- Cuando termino de refregarme me ordenó acercarme a otra de “ELLAS”. Ésta de bombachita negra estaba sentada en un pequeño banquito con sus piernas bien abiertas. Era la que se ocupaba de la cabeza. Me ordenó sentarme dándole la espalda en un escaloncito de mármol, y encajo mi caja torácica entre sus rodillas para sujetarme mientras me lleno de champú y me sacudió con sus enérgicos masajes de lavaje. Cuando consideró que había logrado su cometido, me enjuagó con uno de los famosos cacharritos de cobre. Ese era el fin, había que volver a acostarse sobre el mármol y descansar.

- Lo próximo que supe fue que me sacudían por los hombros repitiendo “-Madame, madame…, y noté entonces que me había quedado sola en el cuarto, en la mesa, y quizás, también en la casa

- Volví al cuartito del inicio, encontré todas mis cosas, me vestí, me encontré con Merce a la salida, en la retorcida callejuela, y volvimos al hotel pisando algodones para luego caer dormidas sin más.



Quote del día: "I don´t know what to do with beautiful women, I don´t know how to treat them... so I just treat them like THE GUYS" By Mr Julian John Lee.

1 comentario:

vV dijo...

quiero una tía así!
dnd se consiguen??
a dnd t emudás!

beso majote (te nombraron el graduation el otro dia)