jueves, 9 de octubre de 2014

Después de tres meses en Egipto, algo de Arabeia.

0 - siff
1 - wajid
2 - etnin
3 - talata
4 - arba
5 - hamsa
6 - zeta
7 - sabah
8 - tamaña
9 - tesa
10 - áshara

iemin - right
shmel or iasar- left

emshi - go away
meshi - ok
majhshi - aubergines with rice (mi mejor plato)
iowa/nam - yes
la - no
Sahir - small
Kabir - big
catas - god of pleasure
shokran - thank you


lunes, 17 de febrero de 2014

Malasia es un de aquellos países con varias caras.




En mi camino al Aeropuerto, destino a Jakarta, me tomé el tiempo de mirar por la ventana del tren, inspirada por la descripción de una mirada de un juez a un señor muy alto en Singapur en el cuento de William Maughman “The letter”

El primer cículo de salida de la ciudad muestra varias ileras de casas pequeñas, con muchas puertas, donde, conociendo a la sociedad Malaya, sé que en casa puerta se esconde la microfamilia de la gran familia que poseen cada una de esas casas. Justo detrás, se ve el mismo orden de puertas pero en edificios altos y despintados, sucios, de unos 50 años. Edificios que fueron construidos para los obreros y constructores de lo que hoy es KLCC, el magnánimo centro de la ciudad y sus torres Petronas y su KLTower.

Por la inocente ventana del tren se ven todas las creencias que adjunta este país, practicadas libremente, aunque el Musulmán sea la predominante, traída por mercaderes orientales hace poco tiempo pero adoptada con la fervosidad que convirtió  a Malasia en una de las capitales Musulmanas del mundo.

Palmeras y árboles inundan cada uno de los paisajes. Pobres, ricos, medios, estudiantes o visitantes.. todos se rodean de verde y con el verde de monos… de ellos que viven entre la gente y entrenados por la evolución de su inteligencia a tomar maní  suavemente de la mano de uno y mirarle con cara agradecida, esperando la próxima ración. No se los ve mucho dentro de la ciudad, pero apenas uno sale puede sacar su bolsa de peanuts y hacer feliz a uno o dos pequeños primates.

La diferencia estética más grande se da entre los templos musulmanes y los hindúes.

Los templos musulmanes muestran orgullosos unas cúpulas majestuosas, pintadas de siméticas formas pero conservando cierta cordura en el uso de colores y contrastes. En los templos musulmanes uno no puede entrar vestido así como así, sino que debe ponerse un hijab y un vestido largo, pantalones largos para los hombres. Y todos descalzos, por supuesto.

Estar descalzo es la única similitud de los templos musulmanes con los templos hindúes. Como típica Argentina la primera vez tuve miedo por la seguridad de mis zapatos, pero después uno se da cuenta que la gente de templo no es ese tipo de gente sino quienes viven en nuestra cabeza es a quienes les tememos. Malditos estereotipos.

Los templos hindúes buscan el kitsch. No hay nada más lindo que un templo hindú. Para empezar no dejan ningún color sin ser honorado, si bien el verde agua es uno de sus preferidos. Los hindúes creen que el bien está en la abundancia, que bajo la promesa y actividad de ser un buen ser humano uno puede asemejarse a los lords o dioses hindúes, que no sólo cargan con el peso de millones de alhajas de oro, plata y cobre en forma de anillos de mano y pie, collares, pulseras, tobilleras, vinchas de oro para el pelo, piercings en la nariz, en el ombligo, todo brillante, todo extremo; sino que también son adornados día a día con ofrendas de collares de flores frescas, agua de jazmín, incienso y frutas varias, para que no cese la abundancia, para honrar al dios o lord que debe tener y mostrar que el bien da frutos. Tan distinto a la educación cristiana, que en el libro ofrece una vida austera y humilde, con un grial de madera, con una túnica blanca, con la riqueza en la pobreza. Repito: en el libro.

Esas son algunas impresiones desde una ventana  de tren. Yo como silenciosa espectadora, con prejuicios traídos de otro lado, con imaginación  y admiración.

Malasia mía.

domingo, 16 de febrero de 2014

Un quote prestado

“Admit it. You aren’t like them. You’re not even close. You may occasionally dress yourself up as one of them, watch the same mindless television shows as they do, maybe even eat the same fast food sometimes. But it seems that the more you try to fit in, the more you feel like an outsider, watching the “normal people” as they go about their automatic existences. For every time you say club passwords like “Have a nice day” and “Weather’s awful today, eh?”, you yearn inside to say forbidden things like “Tell me something that makes you cry” or “What do you think deja vu is for?”. Face it, you even want to talk to that girl in the elevator. But what if that girl in the elevator (and the balding man who walks past your cubicle at work) are thinking the same thing? Who knows what you might learn from taking a chance on conversation with a stranger? Everyone carries a piece of the puzzle. Nobody comes into your life by mere coincidence. Trust your instincts. Do the unexpected. Find the others…”


 Timothy Leary

viernes, 31 de enero de 2014

"Everybody is with their cellphones, but you are reading a book"

Estaba sentada en el aeropuerto de Kuala Lumpur, leyendo un libro mientras esperaba el anuncio de salida de mi avión a Singapur. Me  iba por el fin de semana, no mucho tiempo, a recorrer y por deberes que la autoridad me exige (se me había terminado el tiempo de visado).

La verdad es que no tenía ganas de ir a Singapur, me dolían los pies, estaba cansada, me quería quedar en casa. Pero por otro lado me sobraba la seguridad de que, en el momento que el avión tomara impulso y yo empezara a ver el mundo desde arriba, todas las ganas me iban a venir juntas y me iba a arrepentir de las elecciones de ropa que había hecho para el fin de semana. Siempre lo mismo: nunca vaya al supermercado con hambre como nunca arme la valija 5 minutos antes de salir.

Enfrente mío una señora se movió de asiento. Levanté la cabeza, porque la gente generalmente se queda en sus asientos. Un señor de unos cincuentraytantos, con bastón y alguna deformidad o herida en la pierna, le estaba agradeciendo de sobremanera a la buena dama y se sentaba en el lugar liberado. Su posición me hacía pensar que su pierna le debería doler mucho, sujetaba el bastón con fuerza y se inclinaba hacia el costado. Todo tratando de simular una naturalidad inexistente. El señor tenía algo, algo extremadamente dulce, extremadamente calmo en su cara. No cruzamos miradas. Yo seguí leyendo.

Al poco tiempo una mujer con un bebé apareció cerca de la fila de asientos. No habían pasado cinco minutos desde que nuestro amigo reposaba, que se paró sin hesitar y le cedió el asiento a la mujer con el bebé. Todo esto nos incomodó al resto de los sentados, ya que éramos gente perfectamente sana y nadie había pensado en la mujer con el bebé. Como yo estaba inmersa en el libro me di cuenta muy tarde, y al levantarme, el señor ya estaba parado y no aceptaba mi espacio. Así que me puse a leer parada como diciéndole "yo tampoco me voy a sentar". El señor emprendió marcha a otro lado. No cruzamos palabras. Yo seguí leyendo.

Era el momento de embarcar. Vale aclarar a esta altura que estaba leyendo un libro de cuentos cortos que se llama "Far Eastern Tales", de Somerset Maughman.
Era la primera vez que leía a Maughman, por recomendación de Tito, que me dijo que me gustaría. Tito tiene razón, este autor es especial y me lleva a las maneras de los ingleses que vivían en el Este en el momento en el que todo esto pertenecía a ellos. A mí me gusta cómo los modales de ellos son perfectamente descritos, a Tito le debe gustar también que la mitad de los personajes son diplomáticos como él.
En fin, leía a Maughman. Un cuento que se llamaba The buried talent, que describe el mayor de mis miedos de este mundo. Gran cuento, aunque el autor me resulta particular. Su manera de escribir no me divierte especialmente, si bien tiene el ritmo necesario como para que yo siga, la lectura se me hace lenta. Pero estando ya al 85% de su primer libro puedo decir que tiene una gran cualidad de poder cerrar las historias de una manera magnífica, no necesariamente sorpresiva, pero magnífica. Me obliga a otorgarle tres o cuatro minutos de reflexión a cada historia que termina, varias veces con una sonrisa en la cara.

El avión ya estaba abordando. La gente alineándose para esperar a que abran el "gate". Yo nunca entendí la fascinación de la gente que hace filas. Si ya tenés un asiento numerado, por qué preocuparte en llegar antes o después a tu número que nadie te va a tocar? Seguí leyendo esperando a que pase la gente que hace filas y luego pasaba yo.
En eso escucho que una persona se me acerca y una voz muy dulce me dice "Everybody is with their cellphones, but you are reading a book." y él me sonríe. Tenía un acento extrañamente inglés pero deformado a persona que vivió en más de un continente. Tenía movimientos suaves con su bastón, y una sonrisa que si le quitaran unaa foto medio cuerpo nadie se daba cuenta de su imperfección en las piernas. Medianamente prolijo,  vestido de verano sin saber bien cómo vestirse de verano.
Le contesté que estaba leyendo a Maughman y me dijo "Oh, one of my favorite writers. Maughman, you know, was an english spy in the times of the colony" Así comezó una conversación extremadamente corta porque en el momento de pedir los boletos, él iba a Jakarta, y su "gate" ya había cerrado. Yo intenté ayudarlo hablando con el  guardia, pero no hubo caso.
Yo me tenía que ir a mi avión, le di mi tarjeta, le deseé suerte, y lo despedí con angustia en la garganta pensando si había perdido o no su vuelo.

Después me di cuenta qué me atraía de este hombre: Yo estaba leyendo sobre EL. Yo estaba, con un libro en la mano, recorriendo historias cortas que hablaban de ÉL. En todas. Él era un inglés de mediana edad, él tenía estas maneras, él vivía en el far east, él podría haber inspirado a la mitad de los personajes. Él.

Él era Maughman saludando y sonriendome porque en medio de todos los celulares, alguien prefirió su libro.

Quote del día: Sergi sessions
- Sergi, querés pochoclo?
- Pochoclo tu madre, a mi no me insultes!
(Sergi no sabiendo que pochoclo son palomitas y decretando que la palabra pochoclo es agresiva)

domingo, 19 de enero de 2014

Entrando en Asia

Malasia, ese país alojante de las míticas Torres Petronas en su capital Mrs Kuala Lumpur y compuesto de una parte peninsular y media isla que comparte con Indonesia y Brunei (dato: las torres petronas las construyó un Argentino, César Pelli, tucumano, vive, creo que ahora está con el proyecto de las nuevas twin towers de NiuIórk... no pasa Malayo que no le tire ese comentario)

Malasia, país asiático. Acá hay 50% malayos, 40% chinos y 10% Indios (parecen muchos más los indios) Mi primer país asiático.

Malasia, país musulmán. De hajibs (voy a doblechequear en google si lo escribí bien.. ah no, Hijab) y de polleras largas. NO turbantes, los turbantes los usan los árabes. Mi primer país musulmán.

Malasia, país con rey (aunque el rey no sirve para una mierda) y Sultanes. Mi primer país Monárquico.

Malasia... me hacés mal a la panza.

Con tus noodles y tu fried rice y las especias de india y las  sopas malayas y el Durian y los patos asados y las mierdas esas Koreanas que son como un repollo que te prende fuego la boca.

Me recibiste en un hotel de putas ladyboys y lluvia incesante a las 5 de la tarde.
Me recibiste en medio de Deepavali, un festival Hindú que no sé que es porque el único día que tenía para verlo, llovía. Y en little india no pasa nada cuando llueve.
Me recibiste con un calor que sólo pueden explicar las personas que a) viajaron por el sudeste asiático o b) los encerraron en un sauna por tres meses.

Malasia... me recibiste con todo esto que no sé y no conozco. Con todo esto que quiero que me insertes en la cabeza, con el mundo como podría haber sido para mí si en vez de Argentina hubiera nacido en Malasia. Con una historia prostituta de invasiones Inglesas, Holandesas, Portuguesas (quién mandó a los portugueses a Malasia?) y hasta Japonesa por unos años.

Y con los títulos que te otorga el rey pero no son de nobleza. Si te portás bien, el rey te concede el título de Dato, después Dato Sri, Yang Berhabang, Tan Sri, Tun. Hay gente que su nombre tiene tres renglones. Ajunto imagen.



Malasia, me recibiste.
Y yo me puse cómoda.

No puedo decir que nos entendemos todavía,  yo soy tu estudiante de intercambio en alguna clase histórica. Vos sos la amiga de mi tía que vive afuera y vino a tomar té un sábado a la tarde.

Vos tomás te. Yo tomo café.
Vos hablás Bahasa Malay, o chino, o hindi, o inglés. Yo hablo castellano, o inglés.
Vos estás dividida en dos, entre tu parte pegada a la tierra y tu parte que flota en el océano. Yo, definitivamente, también.
No todo es tan distinto entre nosotras.

Y vos sos la razón por la que viajo. Todo en vos es nuevo y todo en vos ha de aprenderse. Y vos no me lo das, no me la hacés fácil. Pero me ponés a gente enfrente que me puede ir explicando de a poco.

Como por ejemplo este no es Buda, por dios, no, no es.
Es Lord Murugan, el segundo hijo de Lord Shiva, el Dios Hindí de la destrucción, que cierra el círculo de las cosas (los otros dos son Brahma, el de la creación y Vishnu, el que te protege en vida)

Eso no lo hubiera aprendido nunca si no pisaba tu suelo, Malasia.


Quote del día: (mirando Star Wars) "Claro, Darth Maul tiene el sable más largo porque es negro" By Juanjo, el diplomático posta.

Acá viví en Brazil pero no escribí nada

Porque soy rebelde y no me debo a mis lectores.

Picanha y bolinhos de bacalao, Brazil está en el horno. Aviso.