sábado, 6 de agosto de 2022

Necesito que alguien me diga que está bien

 no amar a tus padres.

Mi problema con los zapatos es que, cuando quiero un par de zapatos, no paro hasta encontrar exactamente el par de zapatos que tengo en la cabeza.

Tienen que ser de la misma tela, el mismo modelo, el mismo color, la misma forma que hay en mi cabeza.

Y a no ser que yo misma me vuelva zapatera, eso nunca -pero NUNCA- pasa.

Yo no sé negociar conmigo misma.


Cuando quise algo, lo quise a fondo. Y lo busqué, en cada rincón de la tierra, lo que tengo en mi cabeza. 

(a esta altura no te debería sorprender el hecho de que nunca encontré nada de lo que buscaba)

Porque no sé negociar conmigo misma.


Al principio pensaba que era una cualidad de la gente "ganadora". George Bernard Shaw decía que el progreso depende de la persona que adapta el mundo a sí mismo en vez de adaptarse ellos al mundo; y yo quería ser un agente de progreso mucho más de lo que quise ser una persona que se adapta y acepta las cosas como son.


Pero George  Bernard Shaw no explicó que su teoría no aplica a todas las cosas. Que se aplica a las grandes cosas que hay que cambiar, quizá una, dos o tres como mucho en esta vida. Me debería haber explicado que es una tremenda pérdida de tiempo pasar dos meses buscando en todas las zapaterías el muy pequeño porcentaje de posibilidad de que a alguien se le hubiera ocurrido exactamente el mismo modelo de zapatos que yo tengo en la cabeza. 

No soy la única persona
que piensa que
mi padre
pueda ser pedófilo.

No me preguntes por qué lo pienso,
o por qué lo piensan mis hermanas
ó mi madre si su cabeza pudiera procesar ideas claras.

Había algo silencioso en nuestra infancia.
Nuestro papá, el menor de una familia erudita,
con cara de niño aun a sus cuarenta,
tenía cierto misterio que nuestras mentes infantes no tenían recursos para procesar.

No pasó sino hasta cuando fuimos más grandes que
nos empezó a dar
hasta rechazo.

Mi papá fue un gran padre
me enseñó a reir
y la importancia de la cabeza activa, viva y curiosa.

Me enseñó a recordar,
recordar historia personal, familiar y ajena
recordar cuentos,
contarlos a otros
con el mismo acento en las mismas palabras para mayor efecto.

Me enseñó a pensar
a usar la cabeza
para crear mi mundo,
el mundo que quisiera.

Mi papá moldeó lo que soy hoy
y es por eso que le guardo cierta fidelidad.

Pero no puedo evitar negar que
hay algo en él.
Algo obscuro.
Algo relacionado con los niños.
Algo que internet le dio espacio de explorar.
Algo aterrador.

Pero no sé
no lo sé
no tengo evidencia.

De que haya HECHO algo
de que haya alguien, en este mundo,
marcado de por vida por una mente perversa
como la de
mi
papá.

De que haya algún niño
al que mi papá le haya robado la inocencia
de creer en lo que se supone que hay que creer.

De que haya un inconsciente
escondido detrás de 73 niveles de psicosis
en donde mi padre tome forma
de monstuo que quizá nunca salga.

Que haya una persona, hoy,
que no sepa por qué su alma duele
quizá tome malas decisiones
quizá se hiera a sí misma
o se boicotee.

Hay tantas posibilidades,
todas horribles,
de lo que puede llegar a haber hecho mi papá.

Y si supiera que él lo hizo,
no le volvería a dirigir la palabra.
Podría empezar mi proceso de sanación,
podría pasar por mi derecho adquirido
a odiarlo
culparlo
sentir rencor.

Podría luego continuar con ese viaje,
y trabajar la vergüenza que genera en mí su existencia.
Quitarme ésa vergüenza y devolvérsela a él,
proyectar todo lo que proyecté en mí
el repudio a la perversión,
el derecho a ser niña.

Podría quitarme la confusión
de algún que otro episodio de mi infancia.

Podría encontrar una fuente
a este dolor tan inmenso que siento
sin saber por qué.

Podría, quizá, encontrar una explicación
de por qué
el agujero negro
vive dentro de mí.

Pero no tengo evidencia.
No sé si hay gente herida por mi papá.
No é si hay niños con pesadillas,
inconscientes obscuros,
recuerdos a los que su cabeza no va.

No puedo odiarlo, no puedo culparlo.
Es mi papá.
Y me enseñó todo lo que sé.
No puedo sentir repudio sin un motivo para hacerlo.

Creo éste
es uno de los sentimientos
más complejos
que me toca
experimentar.

No sé tampoco,
por qué yo conozco
tan bien
lo que se siente.
Y creo que él también.