domingo, 18 de noviembre de 2012

Andres CR

Sí, sí. SÉ que debo un post que explique qué mierda me vine a hacer acá.
Pero la emoción me obliga a contarles sobre el pedazo de universo que conocí ayer en las afueras de Bogotá, en un lugar que se llama Chia, que no tiene nada muy especial salvo por que alberga EL PARAÍSO.

Andrés Carne de Res es un restaurant muy muy famoso, no sólo por su comida sino por su onda.
No hay dos centímetros del lugar que no estén decorados, no hay colores que no hayan sido usados, no hay un mejor canto al kitsch que la voz de Andrés gritándote luces de colores y formas raras en la cara.

Todas las mesas están iluminadas con corazones con luces y sus nombres hacen homenaje a personajes de Gabriel García Marquez. Los mozos los eligen después de un scouting de gente linda, porque si hay tres personas lindas en Bogotá, pos que trabajan en Andrés CR.

Te reciben con bandas de colores, tienen una para cada ocasión: cumpleaños, casamientos, nacimientos,  turismo -Ciudadano Ilustre (esa era la mía), hay shows que te van a hacer a tu mesa, pero no de los aburridos, de los copados. De los gente vestida a lo película de Tim Burton bailándote salsa.

Y de toda la historia lo más interesante es cómo llegué a ir a Andrés.
Si bien había ido la semana pasada al otro Andrés CR que queda en Bogotá, no hay nada como el de Chia. Nada. Y ya me lo habían dicho varias personas y yo ya quería ir.

Resulta que venía hablando con gente de ASW (el que no sabe se jode) y justo todos coincidíamos en el plan: Andrés es lo que se hacía el sábado. EL Plan.
A eso de las 7 de la tarde me escribe un tano diciéndome que iba a ir a Andrés con un amigo. Que estaban parando en el Hilton -6 cuadras de mi casa. Que salían 7 y media.
Le dije bueno, voy con ustedes, pásenme a buscar. Y así fue.
Fueron como 40 minutos de viaje hacia el lugar en el que hablamos mas o menos de todo un poco, de cosas que habla la gente que no se conoce: Maradona, Messi, el Inter, Colombia, qué hacés, Buenos Aires, Che.

Y el lugar.... inexplicable.
Realmente no puedo decirlo con palabras, todo todo todo tenía su detalle y su cabeza. Te traían el vino con frutillas. Te daban de probar todas las salsas. Te cantaban y te bailaban.

Bogotá ahora tiene mucho más sentido.


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