viernes, 31 de enero de 2014

"Everybody is with their cellphones, but you are reading a book"

Estaba sentada en el aeropuerto de Kuala Lumpur, leyendo un libro mientras esperaba el anuncio de salida de mi avión a Singapur. Me  iba por el fin de semana, no mucho tiempo, a recorrer y por deberes que la autoridad me exige (se me había terminado el tiempo de visado).

La verdad es que no tenía ganas de ir a Singapur, me dolían los pies, estaba cansada, me quería quedar en casa. Pero por otro lado me sobraba la seguridad de que, en el momento que el avión tomara impulso y yo empezara a ver el mundo desde arriba, todas las ganas me iban a venir juntas y me iba a arrepentir de las elecciones de ropa que había hecho para el fin de semana. Siempre lo mismo: nunca vaya al supermercado con hambre como nunca arme la valija 5 minutos antes de salir.

Enfrente mío una señora se movió de asiento. Levanté la cabeza, porque la gente generalmente se queda en sus asientos. Un señor de unos cincuentraytantos, con bastón y alguna deformidad o herida en la pierna, le estaba agradeciendo de sobremanera a la buena dama y se sentaba en el lugar liberado. Su posición me hacía pensar que su pierna le debería doler mucho, sujetaba el bastón con fuerza y se inclinaba hacia el costado. Todo tratando de simular una naturalidad inexistente. El señor tenía algo, algo extremadamente dulce, extremadamente calmo en su cara. No cruzamos miradas. Yo seguí leyendo.

Al poco tiempo una mujer con un bebé apareció cerca de la fila de asientos. No habían pasado cinco minutos desde que nuestro amigo reposaba, que se paró sin hesitar y le cedió el asiento a la mujer con el bebé. Todo esto nos incomodó al resto de los sentados, ya que éramos gente perfectamente sana y nadie había pensado en la mujer con el bebé. Como yo estaba inmersa en el libro me di cuenta muy tarde, y al levantarme, el señor ya estaba parado y no aceptaba mi espacio. Así que me puse a leer parada como diciéndole "yo tampoco me voy a sentar". El señor emprendió marcha a otro lado. No cruzamos palabras. Yo seguí leyendo.

Era el momento de embarcar. Vale aclarar a esta altura que estaba leyendo un libro de cuentos cortos que se llama "Far Eastern Tales", de Somerset Maughman.
Era la primera vez que leía a Maughman, por recomendación de Tito, que me dijo que me gustaría. Tito tiene razón, este autor es especial y me lleva a las maneras de los ingleses que vivían en el Este en el momento en el que todo esto pertenecía a ellos. A mí me gusta cómo los modales de ellos son perfectamente descritos, a Tito le debe gustar también que la mitad de los personajes son diplomáticos como él.
En fin, leía a Maughman. Un cuento que se llamaba The buried talent, que describe el mayor de mis miedos de este mundo. Gran cuento, aunque el autor me resulta particular. Su manera de escribir no me divierte especialmente, si bien tiene el ritmo necesario como para que yo siga, la lectura se me hace lenta. Pero estando ya al 85% de su primer libro puedo decir que tiene una gran cualidad de poder cerrar las historias de una manera magnífica, no necesariamente sorpresiva, pero magnífica. Me obliga a otorgarle tres o cuatro minutos de reflexión a cada historia que termina, varias veces con una sonrisa en la cara.

El avión ya estaba abordando. La gente alineándose para esperar a que abran el "gate". Yo nunca entendí la fascinación de la gente que hace filas. Si ya tenés un asiento numerado, por qué preocuparte en llegar antes o después a tu número que nadie te va a tocar? Seguí leyendo esperando a que pase la gente que hace filas y luego pasaba yo.
En eso escucho que una persona se me acerca y una voz muy dulce me dice "Everybody is with their cellphones, but you are reading a book." y él me sonríe. Tenía un acento extrañamente inglés pero deformado a persona que vivió en más de un continente. Tenía movimientos suaves con su bastón, y una sonrisa que si le quitaran unaa foto medio cuerpo nadie se daba cuenta de su imperfección en las piernas. Medianamente prolijo,  vestido de verano sin saber bien cómo vestirse de verano.
Le contesté que estaba leyendo a Maughman y me dijo "Oh, one of my favorite writers. Maughman, you know, was an english spy in the times of the colony" Así comezó una conversación extremadamente corta porque en el momento de pedir los boletos, él iba a Jakarta, y su "gate" ya había cerrado. Yo intenté ayudarlo hablando con el  guardia, pero no hubo caso.
Yo me tenía que ir a mi avión, le di mi tarjeta, le deseé suerte, y lo despedí con angustia en la garganta pensando si había perdido o no su vuelo.

Después me di cuenta qué me atraía de este hombre: Yo estaba leyendo sobre EL. Yo estaba, con un libro en la mano, recorriendo historias cortas que hablaban de ÉL. En todas. Él era un inglés de mediana edad, él tenía estas maneras, él vivía en el far east, él podría haber inspirado a la mitad de los personajes. Él.

Él era Maughman saludando y sonriendome porque en medio de todos los celulares, alguien prefirió su libro.

Quote del día: Sergi sessions
- Sergi, querés pochoclo?
- Pochoclo tu madre, a mi no me insultes!
(Sergi no sabiendo que pochoclo son palomitas y decretando que la palabra pochoclo es agresiva)

1 comentario:

MIKAELA ROSA dijo...


estoy en cochabamba, son las 7:31 a.m., hay olor a api, a empanadas fritas, a pollo y a café.
y pienso: escribe endemoniadamente bien. y encontro al autor vivo!
nos despedimos abrazandonos todos juntos formando un circulo bajo el cielo estrellado, en medio de un cordon sinfin de montañas fertiles. nos dijimos a todos buen viaje, y otras cursilerias, que para llenar el mate agregue: gracias por el aprendizaje".
previamente a eso 2 libros formaron la presencia fuerte de la noche, entre porros, palta, marshmellows con cuchillos, dentro de una casa rodante tallada a mano: 100 años de soledad y "MOMO".
Majo, te acordas de momo? este libro ha sido EL LIBRO, estos ultimos tiempos. y de todo lo que hablamos aquella noche salian ejemplos con MOMO y con el tro libro. libros, libros, libros!

y martin, un personaje muy especial, parecido a un brujo ruso con mucha paciencia al hablar dijo: "dale un mes mas en este lugar a esta chica (la prima de la chilena) y ya no volovera a tocar el celular".

por ende, no importa donde, como ni cuando. siempre que hay un libro hay un viaje y siempre que hay un viaje hay historias.

me alegro hayas conocido a tu...magman? lo tendre en cuenta, y quizas se me aparescan unas ojotas con medias cuando desvie la mirada del libro y quizas aborde un transporte tan fascinada como vos.