martes, 27 de enero de 2015

On making friendships and failing miserably.

So he kissed me.
I didn't want him to kiss me, but he did.
I was not expecting it either. I was on the couch, being relaxed, on the couch.

When you are far away and you got nothing but to trust people you don't know is when you really miss your friends. Something in your mind accelerates the process of "knowing each other"and trust is a commodity that can overrate depending on the current market value and the investors confidence on your life. And with the littlest things you overinvest in new friendships with the HOPE that you can chill.
But you got nothing else but to trust somebody, because we all need that bunch of people we feel comfortable with. Those ones with whom we take off our working persona and put our own skin, in the name of freedom.

I don't understand Marco, but I do see where he is coming from.
Marco doesn't hang out with people. He goes swimming alone, he goes running alone, he makes friends with the little kids at Ela Beach and plays football and goes home. He runs away from social encounters with people of his own age and same condition.

I am not like Marco. I like people, I need people. I like hanging out and talking and creating something with somebody else's story. I like trusting someone new, I miss the warmth of a friend and the relaxation I get when I can just be myself and be awkward and fun and chill without any further consequences. That is liberating for me. That is how I operate.

Until, unexpectedly, they come and fucking kiss you while you are drunk on a couch,
I thought I could be drunk on a couch.

But apparently I couldn't.

I don't like people.
I have to start all over again.

sábado, 24 de enero de 2015

Back to life - Now in Pisin

Living and working and discovering stuff is a demanding thing. Seriously.

I was just going through this same blog and the stories that were published when I first started writing y chronicles until I got to Iceland (because that´s the idea, isn´t it?)

I didn´t have as many stories as I have now, but I had more time. So I could tell more stories than now, regardless the impact.

This is Papua New Guinea baby.
The place that told me I know shit about anything.

Bring it on.



jueves, 9 de octubre de 2014

Después de tres meses en Egipto, algo de Arabeia.

0 - siff
1 - wajid
2 - etnin
3 - talata
4 - arba
5 - hamsa
6 - zeta
7 - sabah
8 - tamaña
9 - tesa
10 - áshara

iemin - right
shmel or iasar- left

emshi - go away
meshi - ok
majhshi - aubergines with rice (mi mejor plato)
iowa/nam - yes
la - no
Sahir - small
Kabir - big
catas - god of pleasure
shokran - thank you


lunes, 17 de febrero de 2014

Malasia es un de aquellos países con varias caras.




En mi camino al Aeropuerto, destino a Jakarta, me tomé el tiempo de mirar por la ventana del tren, inspirada por la descripción de una mirada de un juez a un señor muy alto en Singapur en el cuento de William Maughman “The letter”

El primer cículo de salida de la ciudad muestra varias ileras de casas pequeñas, con muchas puertas, donde, conociendo a la sociedad Malaya, sé que en casa puerta se esconde la microfamilia de la gran familia que poseen cada una de esas casas. Justo detrás, se ve el mismo orden de puertas pero en edificios altos y despintados, sucios, de unos 50 años. Edificios que fueron construidos para los obreros y constructores de lo que hoy es KLCC, el magnánimo centro de la ciudad y sus torres Petronas y su KLTower.

Por la inocente ventana del tren se ven todas las creencias que adjunta este país, practicadas libremente, aunque el Musulmán sea la predominante, traída por mercaderes orientales hace poco tiempo pero adoptada con la fervosidad que convirtió  a Malasia en una de las capitales Musulmanas del mundo.

Palmeras y árboles inundan cada uno de los paisajes. Pobres, ricos, medios, estudiantes o visitantes.. todos se rodean de verde y con el verde de monos… de ellos que viven entre la gente y entrenados por la evolución de su inteligencia a tomar maní  suavemente de la mano de uno y mirarle con cara agradecida, esperando la próxima ración. No se los ve mucho dentro de la ciudad, pero apenas uno sale puede sacar su bolsa de peanuts y hacer feliz a uno o dos pequeños primates.

La diferencia estética más grande se da entre los templos musulmanes y los hindúes.

Los templos musulmanes muestran orgullosos unas cúpulas majestuosas, pintadas de siméticas formas pero conservando cierta cordura en el uso de colores y contrastes. En los templos musulmanes uno no puede entrar vestido así como así, sino que debe ponerse un hijab y un vestido largo, pantalones largos para los hombres. Y todos descalzos, por supuesto.

Estar descalzo es la única similitud de los templos musulmanes con los templos hindúes. Como típica Argentina la primera vez tuve miedo por la seguridad de mis zapatos, pero después uno se da cuenta que la gente de templo no es ese tipo de gente sino quienes viven en nuestra cabeza es a quienes les tememos. Malditos estereotipos.

Los templos hindúes buscan el kitsch. No hay nada más lindo que un templo hindú. Para empezar no dejan ningún color sin ser honorado, si bien el verde agua es uno de sus preferidos. Los hindúes creen que el bien está en la abundancia, que bajo la promesa y actividad de ser un buen ser humano uno puede asemejarse a los lords o dioses hindúes, que no sólo cargan con el peso de millones de alhajas de oro, plata y cobre en forma de anillos de mano y pie, collares, pulseras, tobilleras, vinchas de oro para el pelo, piercings en la nariz, en el ombligo, todo brillante, todo extremo; sino que también son adornados día a día con ofrendas de collares de flores frescas, agua de jazmín, incienso y frutas varias, para que no cese la abundancia, para honrar al dios o lord que debe tener y mostrar que el bien da frutos. Tan distinto a la educación cristiana, que en el libro ofrece una vida austera y humilde, con un grial de madera, con una túnica blanca, con la riqueza en la pobreza. Repito: en el libro.

Esas son algunas impresiones desde una ventana  de tren. Yo como silenciosa espectadora, con prejuicios traídos de otro lado, con imaginación  y admiración.

Malasia mía.

domingo, 16 de febrero de 2014

Un quote prestado

“Admit it. You aren’t like them. You’re not even close. You may occasionally dress yourself up as one of them, watch the same mindless television shows as they do, maybe even eat the same fast food sometimes. But it seems that the more you try to fit in, the more you feel like an outsider, watching the “normal people” as they go about their automatic existences. For every time you say club passwords like “Have a nice day” and “Weather’s awful today, eh?”, you yearn inside to say forbidden things like “Tell me something that makes you cry” or “What do you think deja vu is for?”. Face it, you even want to talk to that girl in the elevator. But what if that girl in the elevator (and the balding man who walks past your cubicle at work) are thinking the same thing? Who knows what you might learn from taking a chance on conversation with a stranger? Everyone carries a piece of the puzzle. Nobody comes into your life by mere coincidence. Trust your instincts. Do the unexpected. Find the others…”


 Timothy Leary

viernes, 31 de enero de 2014

"Everybody is with their cellphones, but you are reading a book"

Estaba sentada en el aeropuerto de Kuala Lumpur, leyendo un libro mientras esperaba el anuncio de salida de mi avión a Singapur. Me  iba por el fin de semana, no mucho tiempo, a recorrer y por deberes que la autoridad me exige (se me había terminado el tiempo de visado).

La verdad es que no tenía ganas de ir a Singapur, me dolían los pies, estaba cansada, me quería quedar en casa. Pero por otro lado me sobraba la seguridad de que, en el momento que el avión tomara impulso y yo empezara a ver el mundo desde arriba, todas las ganas me iban a venir juntas y me iba a arrepentir de las elecciones de ropa que había hecho para el fin de semana. Siempre lo mismo: nunca vaya al supermercado con hambre como nunca arme la valija 5 minutos antes de salir.

Enfrente mío una señora se movió de asiento. Levanté la cabeza, porque la gente generalmente se queda en sus asientos. Un señor de unos cincuentraytantos, con bastón y alguna deformidad o herida en la pierna, le estaba agradeciendo de sobremanera a la buena dama y se sentaba en el lugar liberado. Su posición me hacía pensar que su pierna le debería doler mucho, sujetaba el bastón con fuerza y se inclinaba hacia el costado. Todo tratando de simular una naturalidad inexistente. El señor tenía algo, algo extremadamente dulce, extremadamente calmo en su cara. No cruzamos miradas. Yo seguí leyendo.

Al poco tiempo una mujer con un bebé apareció cerca de la fila de asientos. No habían pasado cinco minutos desde que nuestro amigo reposaba, que se paró sin hesitar y le cedió el asiento a la mujer con el bebé. Todo esto nos incomodó al resto de los sentados, ya que éramos gente perfectamente sana y nadie había pensado en la mujer con el bebé. Como yo estaba inmersa en el libro me di cuenta muy tarde, y al levantarme, el señor ya estaba parado y no aceptaba mi espacio. Así que me puse a leer parada como diciéndole "yo tampoco me voy a sentar". El señor emprendió marcha a otro lado. No cruzamos palabras. Yo seguí leyendo.

Era el momento de embarcar. Vale aclarar a esta altura que estaba leyendo un libro de cuentos cortos que se llama "Far Eastern Tales", de Somerset Maughman.
Era la primera vez que leía a Maughman, por recomendación de Tito, que me dijo que me gustaría. Tito tiene razón, este autor es especial y me lleva a las maneras de los ingleses que vivían en el Este en el momento en el que todo esto pertenecía a ellos. A mí me gusta cómo los modales de ellos son perfectamente descritos, a Tito le debe gustar también que la mitad de los personajes son diplomáticos como él.
En fin, leía a Maughman. Un cuento que se llamaba The buried talent, que describe el mayor de mis miedos de este mundo. Gran cuento, aunque el autor me resulta particular. Su manera de escribir no me divierte especialmente, si bien tiene el ritmo necesario como para que yo siga, la lectura se me hace lenta. Pero estando ya al 85% de su primer libro puedo decir que tiene una gran cualidad de poder cerrar las historias de una manera magnífica, no necesariamente sorpresiva, pero magnífica. Me obliga a otorgarle tres o cuatro minutos de reflexión a cada historia que termina, varias veces con una sonrisa en la cara.

El avión ya estaba abordando. La gente alineándose para esperar a que abran el "gate". Yo nunca entendí la fascinación de la gente que hace filas. Si ya tenés un asiento numerado, por qué preocuparte en llegar antes o después a tu número que nadie te va a tocar? Seguí leyendo esperando a que pase la gente que hace filas y luego pasaba yo.
En eso escucho que una persona se me acerca y una voz muy dulce me dice "Everybody is with their cellphones, but you are reading a book." y él me sonríe. Tenía un acento extrañamente inglés pero deformado a persona que vivió en más de un continente. Tenía movimientos suaves con su bastón, y una sonrisa que si le quitaran unaa foto medio cuerpo nadie se daba cuenta de su imperfección en las piernas. Medianamente prolijo,  vestido de verano sin saber bien cómo vestirse de verano.
Le contesté que estaba leyendo a Maughman y me dijo "Oh, one of my favorite writers. Maughman, you know, was an english spy in the times of the colony" Así comezó una conversación extremadamente corta porque en el momento de pedir los boletos, él iba a Jakarta, y su "gate" ya había cerrado. Yo intenté ayudarlo hablando con el  guardia, pero no hubo caso.
Yo me tenía que ir a mi avión, le di mi tarjeta, le deseé suerte, y lo despedí con angustia en la garganta pensando si había perdido o no su vuelo.

Después me di cuenta qué me atraía de este hombre: Yo estaba leyendo sobre EL. Yo estaba, con un libro en la mano, recorriendo historias cortas que hablaban de ÉL. En todas. Él era un inglés de mediana edad, él tenía estas maneras, él vivía en el far east, él podría haber inspirado a la mitad de los personajes. Él.

Él era Maughman saludando y sonriendome porque en medio de todos los celulares, alguien prefirió su libro.

Quote del día: Sergi sessions
- Sergi, querés pochoclo?
- Pochoclo tu madre, a mi no me insultes!
(Sergi no sabiendo que pochoclo son palomitas y decretando que la palabra pochoclo es agresiva)

domingo, 19 de enero de 2014

Entrando en Asia

Malasia, ese país alojante de las míticas Torres Petronas en su capital Mrs Kuala Lumpur y compuesto de una parte peninsular y media isla que comparte con Indonesia y Brunei (dato: las torres petronas las construyó un Argentino, César Pelli, tucumano, vive, creo que ahora está con el proyecto de las nuevas twin towers de NiuIórk... no pasa Malayo que no le tire ese comentario)

Malasia, país asiático. Acá hay 50% malayos, 40% chinos y 10% Indios (parecen muchos más los indios) Mi primer país asiático.

Malasia, país musulmán. De hajibs (voy a doblechequear en google si lo escribí bien.. ah no, Hijab) y de polleras largas. NO turbantes, los turbantes los usan los árabes. Mi primer país musulmán.

Malasia, país con rey (aunque el rey no sirve para una mierda) y Sultanes. Mi primer país Monárquico.

Malasia... me hacés mal a la panza.

Con tus noodles y tu fried rice y las especias de india y las  sopas malayas y el Durian y los patos asados y las mierdas esas Koreanas que son como un repollo que te prende fuego la boca.

Me recibiste en un hotel de putas ladyboys y lluvia incesante a las 5 de la tarde.
Me recibiste en medio de Deepavali, un festival Hindú que no sé que es porque el único día que tenía para verlo, llovía. Y en little india no pasa nada cuando llueve.
Me recibiste con un calor que sólo pueden explicar las personas que a) viajaron por el sudeste asiático o b) los encerraron en un sauna por tres meses.

Malasia... me recibiste con todo esto que no sé y no conozco. Con todo esto que quiero que me insertes en la cabeza, con el mundo como podría haber sido para mí si en vez de Argentina hubiera nacido en Malasia. Con una historia prostituta de invasiones Inglesas, Holandesas, Portuguesas (quién mandó a los portugueses a Malasia?) y hasta Japonesa por unos años.

Y con los títulos que te otorga el rey pero no son de nobleza. Si te portás bien, el rey te concede el título de Dato, después Dato Sri, Yang Berhabang, Tan Sri, Tun. Hay gente que su nombre tiene tres renglones. Ajunto imagen.



Malasia, me recibiste.
Y yo me puse cómoda.

No puedo decir que nos entendemos todavía,  yo soy tu estudiante de intercambio en alguna clase histórica. Vos sos la amiga de mi tía que vive afuera y vino a tomar té un sábado a la tarde.

Vos tomás te. Yo tomo café.
Vos hablás Bahasa Malay, o chino, o hindi, o inglés. Yo hablo castellano, o inglés.
Vos estás dividida en dos, entre tu parte pegada a la tierra y tu parte que flota en el océano. Yo, definitivamente, también.
No todo es tan distinto entre nosotras.

Y vos sos la razón por la que viajo. Todo en vos es nuevo y todo en vos ha de aprenderse. Y vos no me lo das, no me la hacés fácil. Pero me ponés a gente enfrente que me puede ir explicando de a poco.

Como por ejemplo este no es Buda, por dios, no, no es.
Es Lord Murugan, el segundo hijo de Lord Shiva, el Dios Hindí de la destrucción, que cierra el círculo de las cosas (los otros dos son Brahma, el de la creación y Vishnu, el que te protege en vida)

Eso no lo hubiera aprendido nunca si no pisaba tu suelo, Malasia.


Quote del día: (mirando Star Wars) "Claro, Darth Maul tiene el sable más largo porque es negro" By Juanjo, el diplomático posta.

Acá viví en Brazil pero no escribí nada

Porque soy rebelde y no me debo a mis lectores.

Picanha y bolinhos de bacalao, Brazil está en el horno. Aviso.

lunes, 11 de marzo de 2013

Viva Mexico Cabrones

Pos que sí que me encuentro en los Mexicos.
No sólo en la ciudad de Mexico, sino viajando también por ciudades con nombres graciosos como Chihuahua, Hermosillo y Tabasco.

Que me he cambiado de rubro. Ya no me encuentro más en la infraestructura guey. Que ahora estoy con el oro y la plata y la minería en general. No es tan mala como piensan ustedes.

Que la vida acá es feliz como un taco propiamente sazonado con un buen chile. Las mesas de cualquier restaurante acá tienen, mínimo, 5 diferentes salsas picantes. El chile habanero es el mejor, y los mexicanos no saben qué mierda es la salsa putaparió. Creo que el nombre se lo dimos nosotros, y lo conservamos nosotros.
Los mexicanos desayunan, almuerzan, toman té y cenan con chile. El otro día nuestra asistente nos trajo un desayuno mexicano "naco" (a.k.a grasa medio pobre) que son unos tamales de por ahí.
ME PRENDI FUEGO LA GARGANTA a las 9am. Mierda.

Mexico es lo más.
Y me estoy volviendo experta en el arte del Guacamole.
También me anoté en el gimnasio, porque todo esto trae consecuencias.

Acá, la foto de una tapa de diario mexicano.




Quote del día: "viste esta película?
cual es?
Coffee and cigarettes
- That's like, your wet dream, right?"
By Steffan Hywel Romario Adams

Nacionalidad Madre.

Tomar mate
Escuchar Soda Stereo
Contar de nuevo la historia de Luca
Decir que el acento argentino es el más lindo de los acentos del idioma español

Desesperarse ante una persona lenta
Tomar café en un barcito
Leer a Julio Cortázar (cuentos imprescindibles Vol.1)
No darse cuenta que la gente piensa que los estás bardeando

Comparar todas las calles con las calles de Buenos Aires
Todos los árboles de todos los barrios
Y las razas de perro que pasean por las plazas
...con las de Buenos Aires

Estoy fuera, sí.
Pero fuera estoy más dentro que nunca.
nunca le había mostrado a alguien una canción de Los Piojos
ni hablé del orgullo de ser nombrado asador oficial
ni extrañé un café con gusto a smog en alguna esquina vieja de la capital (en las mesitas afuera)
Acá soy más Argentina que en Argentina
y por primera vez siento ESO
que no quería sentir.
Y es lindo lo que pasa en esos momentos.

lunes, 14 de enero de 2013

Ir a comprar un teléfono después de haber tomado varios after-work whiskeys y discutirle veinte minutos a la mujer de Claro por qué no puedo comprar el samsung que está en display. Lo saqué y le dije no lo quiero, no anda. "Señora, ya le dije. Es un teléfono falso."

no words needed. I am officialy retarded.

lunes, 7 de enero de 2013

El último día de vacaciones

"Che, Steffan, que onda si vamos al monte Montserrate hoy que es nuestro último día de vacaciones?" le dije mientras estábamos los dos sentados en el sofá naranja metidos en las computadoras de mierda.
OK me dijo. Si no, no hacemos nada.

Y nos tomamos un taxi al Montserrate (sí, se escribe con la E final) para ir a ver qué coños van a ver todos. A esta altura he de pasar a explicar: El cerro es una montaña que está en la ciudad, ahi al costado. Como la ciudad está a 2.600 msnm nadie se da cuenta lo fucking alto que es un cerro de 3.200 msnm. En fin, había mucha cola para el teleférico y Steffan no es una persona de hacer fila alguna.
Che, subamos a pie.

Y yo pensaba... fuck. No dormí bien, no desayuné, y ayer fumé tabacos como una dulce acompañante de una amiga que cortó con el novio. Y ahora tengo que subir el Monserrate. Bueh.

Los primeros metros fueron interesantes. Después de eso, el HORROR.
Me di cuenta lo choto que es ser fumadora a esta edad, y en mis cantidades estresantes para cualquier padre o médico. Steffan y su juventud libre de humo iban hangeando lo más bien subiendo las putas eternas escaleras mientras yo, Selma de porquería, atrás dejaba pedazos de pulmón en cada escalón de esos. Y encima el pelotudo de Steffan se cagaba de risa de mi respiración Max Vol.
Paré mil veces, pero llegué. Finalmente llegué. Y después de llegar, como lo de arriba es una iglesia y un santuario, me senté y me recé unos rezos (sí mamá, recé)

Aquí la prueba:


Cabe destacar que después de eso nos encontramos con un amigo de Steffan, este tal Steve que vivió los últimos 18 meses en Medellín enseñando inglés. UY cómo aman los ingleses latinoamérica, algo inexplicable. Salvo que su historia de la chica que le perreaba el trasero contra sus partes sea cierta. En ese caso entiendo todo. Y después vino el canadiense también a casa y todos tomamos whisky y comimos pizza extra-large.


Personaje del día: Anastazia, oriunda de Australia y fiel compañera de restaurant de pescado en Taganga "Once I dyed my hair into blonde, and then went surfing. I don't know what but it all fucked up and my hair turned out to be green and then f'in yellow. As I worked at Ikea, it was really funny to see me in the Ikea outfit with yellow hair. I was Mrs. Fucking Ikea!"

martes, 18 de diciembre de 2012

Kretina de MIER**

Argentina es un país tan lindo que no podía ser de otra manera sino con la presidencia y la economía más hijademil putas que pudieras conocer. Nada tiene sentido entre esos funcionarios de remil mierda.

Que tengo un trabajo y no puedo cobrar mi plata, que si vivo afuera se cagan en mi estado, que la puta que me parió, tengo mi sueldo frizado hace 20 días, no lo puedo cobrar, no lo voy a poder cobrar, en argentina me lo pasan a pesos, no lo puedo usar para nada y de ninguna manera que pueda ver mi sueldo desde acá aunque sea en mi cuenta.


OSEA que genial, amiguillos. Yo trabajo y los pelotudos de los Argentinos son tan pelotudos que dicen que tengo que IR a Buenos Aires a cobrar mi plata, en pesos, y pedirle a la AFIP que por viaje me haga la gauchada de cambiarme 200 dólares. Todo lo demás me lo meto en el orto. Forros de mierda.


Con lo cual la resolución es hacerme una cuenta de banco en Panamá. O acá. O en cualquier otro lado.
Y mientras esto siga, seguiré con mi plan de cambio: primero cambio la cuenta de banco, después la nacionalidad del pasaporte, después los colores celeste y blanco. Perdónenme profundamente, familia y amigos nacionalistas, pero esto no va a cambiar, no en los próximos 20 años, porque los argentinos somos todos unos PELOTUDOS.

San Martín se estaría revolcando en su tumba.



Personaje del día: Laura Durán Escalante, mi querida amiga colombiana de novia con un Villagesseleño, me dice "Te olvidaste de mencionar que las Colombianas sí somos lindas!!" Razón, mi querida amiga, razón la tuya. Son bombas las hijas de puta.